Región Centro

Provincias-Nación y el espejo de Cataluña

Sección
Integración
Fecha
27 de octubre de 2017

Daniel Montoya *

El reclamo crónico por la discriminación en el reparto de fondos hermana a la provincia de Buenos Aires con la Comunidad Autónoma de Cataluña. De ninguna manera, las reivindicaciones independentistas. Para nuestra mayor provincia, esa cuenta quedó saldada en 1860 a través de una reforma constitucional que hizo viable su incorporación a la República Argentina. Sin embargo, con menor voltaje aparente que la pelea que transcurre hoy en España, la gobernadora María Eugenia Vidal inició una demanda en la Corte Suprema por la recuperación de $50.000 millones anuales del fondo del conurbano más el retroactivo de los últimos cinco años que, sin los condimentos políticos y culturales de la aspiración catalana, tiene implícita una puja territorial mucho más compleja.

En términos comparativos, el contexto material de la discusión es diametralmente diferente, así como potencialmente explosivo. En el caso de Argentina, no puede soslayarse como punto de arranque de cualquier discusión relativa al reparto de recursos fiscales que, de 24 provincias, 21 no alcanzan a generar el 30% de la riqueza per cápita que genera la ciudad de Buenos Aires. Ello configura un sistema fiscal estructuralmente débil donde la demanda de recursos para satisfacer servicios básicos por parte de las provincias sólo puede canalizarse por vía de los abundantes fondos generados por el distrito más rico del país, la ciudad de Buenos Aires, o apoyarse sobre el distrito que por volumen, aunque no por riqueza per cápita, tiene la capacidad de inyectar cuantioso dinero al sistema, la provincia de Buenos Aires.

A diferencia del caso bonaerense, Cataluña formula sus pretensiones en un marco general donde no hay ninguna Comunidad Autónoma, aun las más retrasadas como Andalucía o Extremadura, que no origine al menos un 50% de la riqueza por cabeza que produce Madrid, la Comunidad más rica de España. Es decir, cualquier negociación por el reparto de dinero se realiza en el ámbito de una mesa bastante homogénea donde no hay, como en Argentina, 15 provincias con niveles de pobreza superiores al 25% que reciben, en términos per cápita, transferencias por más del doble de los recursos que aportan al sistema.

En tal sentido, cualquier evaluación de reforma fiscal, en especial con relación a las dos grandes vacas lecheras que aportan un piso del 60% de los recursos totales del sistema, ciudad y provincia de Buenos Aires, debe contemplar el hecho de que cualquier alteración en los coeficientes de reparto, no brindará soluciones y quizás agravará aún más el problema de fondo del sistema: el débil desarrollo económico de la mayoría de las provincias en comparación al principal distrito económico argentino.

Tal circunstancia le quita viabilidad política a cualquier intento de reforma concertada, ya que la mayoría de las provincias argentinas tienen todo para perder. Es un juego de suma cero entre muchos David y dos Goliat, uno de ellos con pies de barro, pero gigante al fin. Por el contrario, España tiene tres comunidades autónomas que generan tanta riqueza per cápita como Cataluña y no menos de cinco que están apenas un peldaño más abajo. Ello permite que en una situación de virtual paridad económica, Cataluña pueda invocar cierta discriminación fiscal a favor del País Vasco o de Navarra o, inclusive de otras comunidades autónomas un poco más rezagadas como Castilla y León o Galicia.

En ese sentido, la puja por la distribución de cargas y recursos dentro de España, puede encauzarse dentro de algún dispositivo técnico como el Sistema de Cuentas Públicas Territorializadas que viene calculando el Estado español desde 2011, mientras que el dilema fiscal de las provincias argentinas demanda soluciones audaces que pertenecen más a la órbita de la política y del diseño de los programas de desarrollo del país que a la esfera fiscal.

En particular, para la solución del problema de los recursos de la provincia de Buenos Aires, puede contribuir más un asado de fin de semana en Los Abrojos entre el presidente Macri, la gobernadora Vidal y el jefe de gobierno Rodríguez Larreta, que cualquier búsqueda de solución concertada entre las provincias. Por otra parte, el obstáculo del subdesarrollo territorial arraigado, exige depositar alguna expectativa en proyectos como el Plan Belgrano para las 10 provincias del Norte Grande (NEA-NOA), el Plan Patagonia o hasta pensar en políticas territoriales mucho más ambiciosas como las impulsadas por Brasil en los años 60 alrededor de la icónica ciudad de Brasilia.

* Politólogo y analista internacional

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