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Opinión
El problema de fondo es el tamaño del gasto público consolidado
Por Nadin Argañaraz (*)
11-01-2010 |

Las estadísticas de gasto público argentino disponibles marcan claramente que su crecimiento ha sido significativo en los últimos años. Esto es un problema central de la política macroeconómica de aquí hacia delante, dada la dificultad creciente de sostener su financiamiento sin crear condiciones negativas para la estabilidad y los niveles de actividad económica.

Cuando se analiza el gasto público de un país de organización federal como el nuestro, resulta esencial hacerlo desde el punto de vista consolidado, por lo menos Nación más provincias. De lo contrario, se puede perder de vista el bosque y confundirse con algunos árboles particulares. Insisto que esta visión integral es central.

Este trabajo pretende aportar esa visión, en un momento de fuerte debate respecto al uso de reservas para garantizar el pago de la deuda durante 2010. Como el dinero es fungible, desde el punto de vista práctico queda claro que este uso de reservas liberaría recursos que pueden ir al gasto público, excepto que el gobierno decida férreamente recuperar superávit fiscal durante el corriente año. Aquí está el quid de la cuestión, bajo un análisis que tiene como horizonte al largo plazo.

Lo primero que resulta necesario es evaluar la performance del gasto público argentino consolidado durante los últimos años. En el gráfico puede apreciarse que luego de alcanzar un máximo en 2001, la devaluación del peso y la caída de las posibilidades de financiamiento lo bajaron en el año 2002, adoptando el Estado en consecuencia un tamaño mínimo en la economía.

Si se compara el tamaño del Estado del 2002 con el de 2009, se aprecia que prácticamente creció un 50%, pasando del 22% del PBI al 33% del PBI en el último año. Sin dudas es un cambio significativo para un período de 7 años. Significa que en promedio, el tamaño del Estado creció a un ritmo anual de casi el 7% en este lapso.

Puede verse que el Gobierno nacional mantuvo constante su participación hasta el año 2005, momento a partir del cuál el gasto crece a alta velocidad. Al final del período habría terminado aumentando su tamaño por encima del gasto provincial.

La contratara del gasto público es la presión tributaria actual o futura, según si existe disponibilidad de financiamiento voluntario o no. Tarde o temprano un nivel de gasto público debiera ser financiado con el pago de impuestos por parte de los contribuyentes. La imposibilidad de endeudamiento voluntario de los últimos años hizo que la presión tributaria debiera crecer casi al mismo ritmo del gasto, dejando las fuentes de financiamiento Intra-sector público internas como medios para manejar los vencimientos de deuda que iban ocurriendo. En el gráfico 2 puede apreciarse que el crecimiento de la presión tributaria consolidada Nación-Provincias también creció un 50% respecto a la economía en los mismos 7 años.

Dada esta realidad de los grandes números fiscales, resulta relevante analizar los factores que han explicado tan importante crecimiento del tamaño del Estado. Este es el principal aporte que pretende hacer este trabajo. En el cuadro  puede apreciarse a nivel consolidado cuánto creció cada gasto en términos del PBI en los 7 años que separan 2009 de 2002.

El gasto que más aumentó en términos de la economía es la Inversión real directa, explicando casi la cuarta parte del aumento del tamaño del Estado en estos 7 años. Le sigue el gasto en Personal con prácticamente otra cuarta parte. Los Subsidios al sector privado explican casi la quinta parte del aumento. La Seguridad social va en cuarto lugar con algo menos de la sexta parte.

Lo que se aprecia es que estas cuatro asignaciones, vale recordar que son consolidadas de Nación y Provincias, explican prácticamente el 80% del aumento de tamaño que el Estado nacional y provincial tuvieron en los últimos 7 años.

La viabilidad de sostener un tamaño de Estado como el alcanzado

Desde el punto de vista de la sostenibilidad de financiamiento del nuevo nivel de gasto existente, surge como relevante el grado de flexibilidad de cada partida. La inversión real directa es la más flexible y es la que seguramente se ajustara a la baja cuando la estrechez financiera se haga sentir con fuerza. El resto de gastos tienen una alta dosis de inflexibilidad y es ahí donde aparece el peligro de que si se pretende disminuirlos deba tener que recurrirse a vías indirectas como lo es una devaluación de la moneda, con consecuencias negativas tanto económicas como sociales.

De cara al futuro y teniendo en cuenta los vencimientos de deuda que se avecinan para ambos niveles de gobierno, es fundamental el manejo del gasto público que cada uno realice con el objeto de recuperar superávit fiscal. Con una presión tributaria en los niveles que se encuentra, es vital que al menos en un inicio el gasto público comience a crecer en línea con la recaudación, lo que evitaría profundizar una situación de déficit fiscal.

En síntesis, nuevamente se está ante un desafío fiscal como el que otras veces se tuvo. La esencia está en lograr un nivel de gasto público financiable con una presión tributaria legal competitiva y sin la necesidad de recurrir al uso de stocks. Cuando de macroeconomía se trata, los análisis se concentran en el nivel de gasto público. Se está en un momento donde no solamente habría que enfatizar cuestiones de nivel sino

también empezar a profundizar mejoras concretas y viables de eficiencia.

 

(*) Economista. Director Iaraf

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