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18-01-2010 |
La provincia de Córdoba habría terminado 2009 con un déficit financiero de alrededor
de $290 millones en su Administración General, y resultaría cercano a los $200 millones
en la Caja de Jubilaciones, después que la Nación regularizó sus envíos en los últimos
días de diciembre (no incluye como déficit la contribución patronal extraordinaria). La
antes muy prolija Santa Fe habría terminado el año con un déficit financiero superior a
$1.000 millones (aumentará impuestos recién en 2010), y la provincia de Buenos Aires
presentaría un desequilibrio mayor a los $6.000 millones en 2009.
De modo que la mayor parte de las provincias parecen estar nuevamente con
problemas fiscales, y no parece un hecho cíclico, ligado sólo a la caída de la actividad
económica. Además de las altas tasas de expansión del gasto observadas en las
provincias en los últimos años, es bien conocido el problema existente con el reparto de
la renta tributaria federal, en la cual el conjunto de provincias vio caer su participación
desde el 34% del total de los recursos tributarios nacionales a mediados de los
noventa, a 25% en 2009.
En Córdoba se estuvo a pocos días de una nueva emisión de cuasimonedas, riesgo que
sólo se verá extinguido en 2010 si desde el gobierno nacional se envían en tiempo y
forma los fondos del Programa de Asistencia Financiera (PAF), y las transferencias para
cubrir el déficit del sistema provisional local. Ahora bien, aún cuando dichos convenios
se cumplan, adicionalmente existe la necesidad de que el gasto provincial se siga
desacelerando y su tasa de crecimiento el año entrante resulte inferior al 20%. La
gravedad de la crisis financiera ya hizo que el gasto provincial pase de expandirse al
31% interanual al cabo del primer semestre de 2009, al 24% al final del tercer
trimestre, y se habría ubicado sólo un poco arriba del 20% al concluir el año. En esta
evolución resultó clave la política salarial seguida en el segundo semestre.
Los problemas financieros en las provincias sobrevinieron a pesar de la existencia de
una Ley Nacional de Responsabilidad Fiscal (LRF) que exigía que cada año el gasto
público no aumente más que el PIB. En el período 2004 ? 2009, el conjunto de
provincias aumentó el gasto primario un 270%, cuando el PIB nominal lo hizo un 161%
No obstante, ¿cómo podría el gobierno nacional exigir el cumplimiento de la LRF, si sus propias erogaciones primarias se incrementaron un 294% en ese mismo período? (sin incluir coparticipación a provincias). Existen otros convenios y normativas que regulan la relación financiera Nación ? Provincias, como el Programa de Unificación Monetaria (PUM), por el cual se eliminaron las cuasimonedas provinciales luego de la crisis del 2002, y en el que se incorporó una previsión para que no se vuelvan a emitir en el futuro, aunque sin definir penalidades claras para los incumplidores.
Por cierto también existe el antes mencionado PAF, por el cual anualmente la Nación
compensa con transferencias discrecionales una porción de los servicios de las deudas
provinciales, que a su vez les descuenta automáticamente de la coparticipación federal
de impuestos. En tales convenios existen también compromisos fiscales, de los que
hace rato ya poco se habla.
Ocurre que en Argentina las instituciones fiscales resultan siempre letra muerta, en
especial las ligadas al sistema fiscal federal. Basta con recordar que hace 14 años que
se incumple la Constitución Nacional, que mandaba aprobar una nueva ley de
coparticipación antes de terminar el año 1996.
¿Por qué reaccionó en forma presta el gobierno nacional ante la posibilidad de que
Córdoba emita nuevamente cuasimonedas, y regularizó en pocos días los pagos a la
administración provincial? Muy probablemente no tengan tanto que ver los acuerdos y
normativas previas sobre compromisos fiscales, como el PUM, el PAF o la LRF. En
principio, sí habría influido la probabilidad de que las emisiones de ese tipo de bonos se
generalicen en las provincias y ello espante nuevamente a potenciales compradores de
bonos del gobierno argentino, cuando se intenta volver a los mercados voluntarios de
deuda.
Pero no hay que descartar otro motivo para esa reacción, más ligado al deseo de
conservar la principal fuente de construcción de poder político en Argentina durante los
últimos años: el hecho de que la mayoría de las provincias necesitan de las ayudas
nacionales para cerrar sus números fiscales. En este esquema, la emisión de
cuasimonedas, si bien tendría serios reparos desde lo económico y monetario, podría
otorgar mayor autonomía financiera a las provincias. En el caso de Córdoba, los montos
emitidos durante las experiencias de los CECOR y las LECOR resultarían equivalentes a una emisión de entre $2.000 y $2.500 millones en la actualidad, si se lo mide en
términos del PBG, de la recaudación propia o de la base monetaria provincial.
Se trata de un monto lo suficientemente alto como para que pueda sospecharse que si
la experiencia funcionara ya no se requeriría de tanta ayuda del poder central, un
escenario que seguramente no sería el preferido por las autoridades nacionales, dadas
sus previsibles consecuencias en términos de alineamientos políticos.
(*) Economista Ieral |