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13-07-2010 |
En los últimos meses la recaudación que brinda la AFIP le está dando buenas noticias al gobierno nacional. Recaudación récord en mayo con casi $40.000 millones en un sólo mes y en junio otro crecimiento cercano al 40% en la comparación interanual da nuevos optimismos.
Este incremento en la recaudación tiene su base en una fuerte recuperación económica, sobre todo durante el 2do trimestre y en la inflación. El problema es que el crecimiento tiende a desacelerarse y la inflación a acelerarse.
Ante este aumento de recursos, que está sucediendo con el gasto del sector público. Y como dijo ya el Ministro de Economía, el gobierno no cree en los ajustes, sino en el crecimiento económico y que no iban a hacer nada para desacelerarlo.
El problema es que algunos números de la ejecución del gasto público comienza a mostrar que en realidad el ajuste en términos reales ya lo está haciendo el sector público y no pareciera ser demasiado diferente a un ajuste clásico.
En conversaciones que tengo permanentemente con el economista Daniel Sticco, me hizo notar la diferencia de crecimiento entre los diferentes componentes del gasto público. Mientras que el gasto corriente crece por encima del 34%, el gasto de capital lo hace por debajo del 20% y es más, la inversión real directa tiene una caída nominal del 7%. Estos datos se dan comparando el primer trimestre del 2010 contra el primero del 2009.
Hay que recordar que los datos que estoy brindando son en valor nominal y no real, por lo que si uno descuenta la inflación (seamos conservadores, 23%) quiere decir que el gasto corriente sube 10 % y el gasto en capital baja 4%. Ni hablar que la inversión real directa bajo 30%.
Por lo tanto el gobierno, si bien está teniendo más recursos, está teniendo más gastos y en su reasignación el ajuste lo está haciendo la obra pública y no los gastos corrientes.
Para buscar casos más concretos, miremos la ejecución presupuestaria del ministerio de planificación, donde hay programas destinados a sostener la demanda, subsidios y a apoyar la oferta, inversiones.
La ejecución presupuestaria del Ministerio de Planificación al día 4 de julio del 2010, acorde a algunos programas seleccionados era según consta en el cuadro. Como se puede ver, la ejecución global del ministerio está en el 56%. Los programas de subsidios, principalmente los vinculados a energía eléctrica (88%), Aerolíneas Argentinas (65%), hidrocarburos, y transporte automotor, todos por arriba del nivel de ejecución promedio.
Por otro lado los programas de inversión, como son Techo Digno, Energético Provincial, ampliación redes eléctricas, etc. tienen niveles de ejecución menores al 40%.
Esto está mostrando que la política de estimular la demanda por sobre incrementar la oferta también está del lado del sector público. Haciendo que el ajuste recaiga primero sobre la obra púbica como sucede cada vez que comienza a haber restricciones de ingresos.
Lo que nos muestran estos datos es que el gasto del Estado hoy en la Argentina esta prioritariamente vinculado a fomentar la demanda y no priorizar la expansión de la oferta.
La demanda interna está creciendo largamente por encima del crecimiento del PBI, esto debido a créditos a tasas reales negativas, a políticas de subsidios de ingresos, como el plan de asignaciones familiares, que no son cuestionables, pero también con los subsidios a los servicios y energía como los mostrados anteriormente que estimulan un sobreuso de esos servicios.
Por otro lado, la Consultora Orlando Ferreres y Asociados calculó que la Inversión hoy esta apenas por encima del 20% del PBI, casi 4 puntos menos que en él 2007.
Esto nos muestra que el Estado Nacional está siendo procíclico en la demanda, es decir motivando más el consumo todavía. Y paradójicamente también es procíclico en la oferta, ya que en lugar de compensar la caída en la inversión privada, el ajuste lo hace en la obra pública
El gasto del estado es cada vez más importante en la economía Argentina, por lo que sus decisiones impactan de manera más directa que en años anteriores.
No usar el poder económico del Estado para hacer políticas contracíclicas y por el contrario, hacerlo en la misma dirección, lo único que logra es que tengamos una fiesta en el corto plazo y un ajuste, no querido y no deseado, después.
(*) Economista y periodista
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